Make your own free website on Tripod.com
 
La maquiavélica prédica del capitán que llegó a someter a los criminales *

Reproducimos el discurso pronunciado en el festín
 

Señor ministro de Defensa, señor ministro del Interior, presidente del Comando Conjunto, comandante general del Ejército, señor comandante general de la Marina de Guerra del Perú, señor comandante general de la Fuerza Aérea, señor director general de la Policía Nacional, señor almirante jefe del Servicio de Inteligencia Nacional, señores oficiales generales y almirantes de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional:

Quiero en primer lugar expresar mi especial agradecimiento a los señores ministros aquí presentes y a los señores oficiales, generales y almirantes que representan a los altos mandos de las Fuerzas Armadas, así como al director general de la Policía Nacional del Perú, quienes haciendo un alto en las recargadas labores y dedicación absoluta que el momento actual exige en el país, han aceptado concurrir esta noche a esta sencilla comida, para poder compartir y reafirmar una vez más los profundos e indisolubles vínculos que nos hermanan y a la vez intercambiar algunas reflexiones sobre la etapa tan especial y compleja que está viviendo nuestro querido país.

El Servicio de Inteligencia Nacional los acoge como siempre con afecto y en verdad se siente honrado con la presencia de ustedes en esta oportunidad. Como todos sabemos y hemos sido testigos de excepción, con la elección presidencial de este pasado domingo 28 de mayo ha terminado una etapa de singular importancia que marca un hito trascendental en la historia de la República, no sólo por las características políticas y sociales que configuraron esta coyuntura difícil en el país, sino básicamente porque en esta oportunidad por primera vez las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional del Perú y el Servicio de Inteligencia Nacional han actuado unidos como en esta década última, en un pool en estrecha y permanente coordinación, se convirtieron en un pilar fundamental para la defensa de la gobernabilidad del país, de la institucionalidad y de la supervivencia de la democracia. Como todos conocemos y todos hemos sido testigos de excepción, grupos políticos tradicionales de diversos colores y de ideologías, incluso antagónicas y contrapuestas, que hasta hace poco tenían diferencias irreconciliables, se unieron en torpe alianza con el fatuo propósito de impedir que el país continúe su marcha hacia el progreso y el bienestar y para ello no vacilaron en recurrir a la calumnia, a la mentira, a mancillar honras, a tergiversar hechos, a torpes montajes para desprestigiar personas y a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional, al convertir la libertad de expresión e información en un vehículo para mentir, insultar y desnaturalizar los hechos e, incluso, en un desesperado afán desestabilizador, no vacilando en recurrir a la violencia, financiando la acción de grupos lumpenescos, y explotando la rebeldía de algunos sectores estudiantiles engañados.

Hoy, mirando nuestra perspectiva, observamos con claridad que la etapa vivida ha sido una de las más peligrosas para la supervivencia democrática. Desde el momento en que se desconoce la vigencia de las leyes y se pretende, mediante la violencia de las masas y las presiones internas e internacionales, obligar a qué la nación actúe acatando sus sesgados designios, prácticamente estos grupos estaban creando conscientemente un clima de desestabilización y de quiebra de la institucionalidad democrática del país, cuyas consecuencias, de haberse concretado sus designios, hubieran sido funestos por el daño irreparable que se hubiera ocasionado a un país como el nuestro que viene luchando por más de 20 años con la mayor decisión y sacrificio por un futuro mejor.

Felizmente, en este escenario, al igual que en los momentos más dramáticos y cruciales de nuestra historia reciente, las Fuerzas Armadas, el Servicio de Inteligencia y la Policía Nacional del Perú, supieron estar a la altura de su misión y demostrando el más alto profesionalismo, espíritu de sacrificio, férrea y indestructible cohesión y amor por la patria supieron hacer frente exitosamente a este torpe concierto de malignas voluntades que pretendían quebrar la unidad del país, crear un clima de violencia y de caos.

En este accionar patriótico en defensa de la democracia quiero resaltar el hecho sólido, macizo e incontrastable de que la Constitución y el Estado de Derecho fueron preservados sin que hubiera una sola denuncia sobre violaciones de derechos humanos por parte de nuestras instituciones. Así ha quedado demostrado ante la ciudadanía y el mundo que las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional del Perú y el Servicio de Inteligencia son capaces de actuar con la mayor decisión en la defensa de nuestro derecho a vivir en paz, y organizadamente, sin incurrir en ningún exceso, sin el uso inmoderado de la fuerza, aplicando siempre el criterio de la racionalidad. En ese sentido, podemos decir con justificado orgullo que nuestras instituciones representadas por ustedes en este momento, han demostrado una vez más en la historia de la nación ser los pilares básicos de la gobernabilidad de un país.

Sin embargo, amigos míos, si bien ha terminado exitosamente una etapa de importancia trascendental, ingresamos ahora a una nueva coyuntura, a un nuevo escenario, que igualmente estará marcado por la lucha política tenaz, ruda y fuerte, pero que tendrá otras características y, por tanto, habrá de requerir un manejo mucho más complejo y exigente que el anterior.

Los grupos políticos derrotados en la reciente contienda electoral, como podrán imaginar por la forma cómo han venido actuando, no se resignan y aceptan democráticamente que el Perú les dijo basta.

A partir de lo que llaman resistencia pacífica han diseñado una estrategia destinada a desconocer los resultados de las elecciones del 28 de mayo y vienen acumulando fuerzas y recursos económicos, con el propósito de desarrollar desde ahora hasta el 28 de julio una serie de marchas, mítines y movilizaciones y enfrentamientos ante la comunidad internacional, y un cuadro de gobierno que va a ser presentado en el exterior donde la violencia generalizada como objetivos directos pudiera ser mostrada ante el escenario internacional como que un gobierno libre y democráticamente elegido careciera de legitimidad y viabilidad.

Estos grupos que representan a la antipatria, en la medida que anteponen sus intereses personales o de grupo a los altos intereses de la nación, gracias al financiamiento interno y externo al que no son ajenos, por supuesto, los intereses del narcotráfico corruptor con la colaboración de algunos medios de expresión que les son afines y desinforman, utilizando las técnicas de desinformación clásicas, satanizando personas e instituciones, con la participación de diversos organismos no gubernamentales conocidos como ONGs, integrados en su mayoría por elementos de la extrema izquierda marxista y pro senderista y utilizando como masa de maniobra a estudiantes y grupos desclasados y delincuenciales, se han propuesto crear un gran frente de oposición con el desembozado propósito de desestabilizar al país e impedir que el gobierno recientemente elegido lleve a la práctica los planes para el desarrollo social y económico que el país requiere en este nuevo milenio.

Dentro de estos propósitos, como es fácil comprender, los blancos fundamentales de sus ataques van a ser obviamente nuestras Fuerzas Armadas, la Policía Nacional del Perú y el Servicio de Inteligencia Nacional, no sólo por el rol importantísimo que les ha tocado jugar en la estrepitosa derrota de sus planes anteriores sino porque ahora, como en ninguna otra oportunidad en la historia, han percibido con la más absoluta claridad que somos nosotros los pilares fundamentales para garantizar la gobernabilidad del país, la preservación de la democracia y el Estado de Derecho y el respeto a la Constitución. Ante este nuevo escenario que implica un nuevo reto para nosotros debemos demostrar ante nuestro pueblo y la comunidad internacional que estamos más unidos y cohesionados que nunca, que tenemos la mayor decisión de empeñar nuestra dedicación, capacidad y esfuerzo en forma redoblada ante los desafíos que el frente interno presente a la coyuntura que próximamente se avecina.

En la medida que, como estoy seguro, afrontaremos exitosamente una vez más los nuevos retos que se nos presentan, no solamente estaremos dando una contribución fundamental y decisiva para la preservación de la democracia, la defensa de la Ley y la vigencia de la Constitución, sino que en gran medida aportaremos también a mostrar ante el mundo que el Perú es suficientemente adulto para solucionar sus propios problemas, y que las Fuerza Armadas, la Policía Nacional y la comunidad de inteligencia del Perú han demostrado ante el país y ante el mundo que la unidad es la esencia para mantener la estabilidad en el país. Por ello yo quiero levantar esta copa y brindar con ustedes por el gran esfuerzo y sacrificio demostrado el día 28, las malas noches que han pasado y en las comunicaciones permanentes que han tenido con sus respectivos comandos y con quien habla. He sido testigo de excepción del profesionalismo, de la alta calidad no solamente personal sino profesional de todos y cada uno de ustedes. Por eso, le solicité a usted señor ministro de Defensa, al señor ministro del Interior, señor presidente del Comando Conjunto, a los señores comandantes generales, al director de la Policía Nacional, tener la gran oportunidad de recibirlos conjuntamente con el almirante Rozas, aquí en nuestra casa, la casa de ustedes, para poder compartir esta noche y decirle muchas gracias señores y sigamos adelante unidos, que es la única garantía de que nuestro país podrá prosperar y lograr los objetivos y las metas que nos hemos propuesto con el apoyo firme y decidido de todos nosotros. Por nuestras Fuerzas Armadas, por nuestra Policía Nacional y por nuestra comunidad de inteligencia, señores, salud.
 

* Publicado en el diario Liberación, Lima 14 de noviembre del 2000, página 3.
 

Volver