Make your own free website on Tripod.com
 
CONTROVERSIAS

Un gobierno impresentable *

Fernando Rospigliosi
 

El ataque gubernamental al diario El Comercio ha confirmado que no puede soportar que se le ponga al descubierto. Las represalias por el sensacional destape de la falsificación de firmas de Perú 2000, significa que el régimen es tan frágil -detrás de una aparente fortaleza- que no es capaz de
tolerar una investigación periodística que desnude su podredumbre.

A pesar de que, como ya es obvio, su control sobre las instituciones judiciales va a impedir cualquier sanción a los ejecutores directos, Absalón Vásquez y Oscar Medelius, y a los responsables políticos e intelectuales, Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori.

Según varias empresas encuestadoras, la denuncia de la falsificación de firmas ha afectado fuertemente al gobierno sólo en los estratos altos, los que tienen acceso a la información. Las franjas más pobres -inmensamente mayoritarias-, que consumen sólo la basura que se transmite por la Tv. de señal abierta y la prensa amarilla, casi no se han enterado del asunto.

Esa mayoría está atosigada por la propaganda oficialista, esperanzada con la posibilidad que le regalen un lote de terreno y chantajeada con los alimentos que les entrega el Estado.

Si se le cree a esas encuestadoras, el golpe de las firmas falsificadas no ha sido devastador, electoralmente hablando, como hubiera ocurrido si existieran medios de comunicación libres en el país.

¿Por qué entonces el feroz ataque del gobierno contra El Comercio? Parece claro que el régimen es incapaz de absorber denuncias que tocan intereses vitales o personajes claves, no obstante el control que tiene sobre la inmensa mayoría de medios de comunicacion, con los que mantiene
desinformada al 80% de la población.

Y eso es una muestra de debilidad, no de fortaleza del gobierno de Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori, que se está enmarañando en un torbellino de desaciertos y disparates, propios de un régimen que se desmorona.

Una evidencia de estupidez y desatino -que revela su pérdida de perspectiva-, fue el haber enviado como testigo del gobierno, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a uno de los torturadores de la ex agente de inteligencia Leonor La Rosa, el mayor del Ejército Ricardo Anderson Kohatsu.

El resultado es que el testimonio de Anderson, en el caso del espionaje telefónico, no sirvió de nada al gobierno y el oficial estuvo a punto de ser detenido y procesado por torturador. El escándalo internacional ha averiado aun más la ya destartalada imagen del régimen.

Varios pronunciamientos y artículos en los últimos días van en el mismo sentido:

El caso del mayor Anderson también fue tratado en varios medios de los EE.UU., incluyendo un extenso reportaje en CNN.

En suma, no cabe duda que el régimen de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos es impresentable en el exterior. Ninguna argucia, ni leguleyada, ni viajes del premier Alberto Bustamante a EE.UU., ni empresas de lobby, pueden maquillar su desagradable rostro.

Sin embargo, por más aislado o débil que pueda estar el gobierno, no caerá si alguien no lo empuja y lo reemplaza. Y mientras más dure la camarilla cívico-militar, más daño causará al paíis, en su desesperación por permanecer aferrada al poder.
 

* Publicado en la revista Caretas, Lima 16 de marzo del 2000, página 16.
 

Volver