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RADICALES LIBRES

El ladrón y el encubridor *

César Hildebrandt
 

Han pasado 54 días desde que LIBERACIÓN presentó ante la opinión pública copias autenticadas de la cuenta N°C424778 del Banco Wiese, cuyo titular es Vladimiro Montesinos Torres.

Teníamos la vaga esperanza de que no sólo el país se sacudiera con esta revelación.

Creímos que era posible que Montesinos, el hombre clave de los servicios secretos del Perú, explicara a la nación de dónde provenía su excepcional prosperidad.

Era un deber moral y legal -se trata de un funcionario público del más alto nivel- decirle a los peruanos cómo es que un hombre que, según el propio presidente de la República, trabaja todo el día al servicio de la Seguridad Nacional, podía haber ingresado, en una sola cuenta doméstica usada para expatriar luego esos capitales como lo demostraban los movimientos de dicha cuenta- 2'666,259.32 dólares en el lapso de un año.

Repito: Montesinos había ingresado en el Wiese, entre diciembre de 1998 y diciembre de 1999, 2'666, 259 dólares. ¿Qué funcionario público puede lograr esa cima de capacidad de ahorro? ¿Qué ex capitán del Ejército, de pasado oscuro y prontuario en la justicia militar, puede lograr que cada mes le ingrese desde el extranjero 222,188.28 dólares?

Estamos hablando de un país como el Perú, donde un oficial con el rango de Montesinos gana menos de quinientos dólares mensuales.

De un país donde un abogado, el más próspero, no suele tener -no tiene, podemos afirmar- ingresos sistemáticos mensuales por 222,000 dólares.

El presidente de la corporación Walt Disney gana 900,000 dólares anuales, es decir un millón setecientos mil dólares menos que Montesinos.

El señor Alberto Fujimori declara oficialmente ganar 2,000 soles mensuales (repito: dos mil soles).

Pero su jefe de servicios secretos, implicado además en crírnenes sin investigar, en asesinatos impunes, en la ruptura del estado de derecho y en la autoría intelectual de la candidatura ilegal de Fujimori, resulta ganando cuatro mil doscientas veces más. ¿Alguien que no sea un estúpido o un miserable, o un estúpido y un miserable a la vez, puede creer que esto le hace bien al Perú?

¿Qué clase de cobardía, de parálisis del ánimo y de muerte de la dignidad hay que padecer para no escandalizarse ante estos hechos?

Recordemos qué pasó después de la publicación de LIBERACIÓN. Casi de inmediato, salió Alberto Fujimori a defender a Montesinos. "Él tiene un estudio de abogados, esa cuenta es del estudio", dijo.

Mentía. LIBERACIÓN publicó un documento que Fujimori creyó que no teníamos y que desscribía la naturaleza dee la cuenta C424778. Esa cuenta era personal. No pertenecía a ningún estudio.

Descubierto en su mendacidad, Fujimori dijo entonces que un abogado exitoso podía ganar mucho dinero.

Pero pocos días antes de la revelación, en una entrevista televisada, ambos -Fujimori y Montesinos- habían reconocido que al asesor no le quedaba tiempo para nada porque estaba "las 24 horas" tratando de descubrir quién o quiénes podían amenazar la seguridad del país.

Miguel Velit fue el encargado de aclarar las cosas con su estilo limítrofe: "Cuando el presidente ha hablado de que Montesinos está las 24 horas trabajando por el país lo que ha hecho es una metáfora", dijo. Mientras tanto, las amenazas estremecían al Banco Wiese. Su gerente acudía a la oficina de Montesinos a balbucear explicaciones y a jurar que daría con los culpables de la infidencia.

Nuestras fuentes dicen que Montesinos estaba loco de rabia.

¿Qué pasó entonces?

La televisión calló, la radio calló y la prensa del SIN fue más inmunda que nunca inventando escándalos o enfangándose en los reales, siempre y cuando pertenecieran a la farándula.

Entonces vino la Operación Encubrimiento. Montesinos mandó un escrito donde el fiscal de la Nación, don Miguel Aljovín. En él "pedía ser investigado".

Aljovín ya había sido probado en 1997. Luego de la denuncia de "Contrapunto" y de Rosana Cueva respecto de los millonarios ingresos que el asesor había declarado en 1996, un grupo de parlamentarios de la oposición acudió a Aljovín, a la sazón Fiscal Supremo en lo Penal, para que hiciera una investigación bajo la razonable presunción de "enriquecimiento ilícito".

En 1997, el patético Miguel Aljovín, un hombre caracterizado por su cobardía, lo absolvió de todo cargo diciendo que Montesinos no había incurrido en "ningún delito tributario".

Pero la acusación de los parlamentarios no tenía que ver con tributación sino con la opacidad y el carácter presuntamente delictivo de los ingresos de Montesinos.

Así que el cobarde Aljovín fue requerido por Montesinos otra vez en el año 2000. Y Aljovín se portó a la altura de su ya reconocida cobardía. En una resolución que será parte del expediente general de ese Nuremberg que el Perú habrá de realizar para sanearse y drenar, el fiscal de la Nación declaró que no podía investigar nada porque los documentos publicados por LIBERACIÓN "habían sido obtenidos violando el secreto bancario".

Es decir, el fiscal de la Nación no sólo era un cobarde sino un mentiroso. Porque los documentos que obraban en sus manos habían sido obtenidos por la fiscalía después de haber apelado al levantamiento del secreto bancario. Es decir, las copias de las cuentas del Wiese que tenía Aljovín en sus manos eran absolutamente legales y podían ser el comienzo de una auténtica investigación.

Sobre la base de esa pusilanimidad y esa felonía, el gobierno ha sentido que el episodio Montesinos ha sido olvidado. De los peruanos de bien -la mayoría- depende que eso no suceda.

No es posible olvidar el oprobio. No es posible olvidar que tenemos derechos y somos un país, no un campo de concentración de Nanking durante la ocupación japonesa.

Si nuestros generales y almirantes han sido corrompidos o intimidados, los civiles de bien debemos recordar que somos una nación.

Una nación que puede producir a un Tupac Amaru y a un Porras Barrenechea, a un Grau y a un Quízpez Asín, a un Vallejo y a una Tilsa.

Podemos ser un gran país. Podemos tener dignidad.

Los rapaces que están en el poder tienen, más allá del apetito continuista, un afán que excede toda perversión: la de que el Perú acepte su degradación moral como algo natural.

No quieren la impunidad. Quieren que celebremos la impunidad. No aspiran a saquear misteriosamente el erario nacional. Aspiran a que los admiremos por ello. No nos plantean sólo unas elecciones que avergonzarían al tirano africano más chusco. Quieren que llamemos a estas elecciones limpias y transparentes.

Este régimen quiere destruir el último tesoro de un país: su sentido del honor, aquello por lo cual el presidente israelí está siendo juzgado -recibió una donación de 450,000 dólares que no declaró-.

Aquello por lo cual el señor Kohl ha terminado su carrera -recibió un millón de dólares como donación electoral y no los declaró-. Aquello por lo cual Nixon tuvo que irse de la presidencia -ocultó información a lajusticia y encubrió a los allanadores de la sede demócrata-.

¿Se dan cuenta de a qué abismo hemos llegado, a qué catatonia cívica nos han empujado? ¿Se dan cuenta cuán zombies podemos estar gracias al curare de estos "lava cerebros" eficaces?

Nadie habla del ladrón Montesinos, mientras la televisión quiere cobrarle a Rafael Rey 28,000 dólares por un spot de 30 segundos.

Nadie habla de la fortuna de Montesinos, mientras ningún otro candidato puede comprar espacios publicitarios en la televisión secuestrada.

Nadie habla del millonario Montesinos mientras los invasores alentados por Absalón Vásquez crean el caos en los predios municipales de Somos Perú, la policía apalea a los que despintan los muros con propaganda oficial, los militares usan a la tropa para llenar sus cerros de eslogans gubernamentales y el DINOES policial a un motín en Yanamayo para recordarnos que el terrorismo puede volver si nos aventuramos por la alternancia.

Nadie habla de los millones negros de Montesinos mientras el Canal 2 trata de destruir a Andrade con todas las calumnias que el SIN puede imaginar. Pues bien, 54 días después de publicado nuestro testimonio sobre las cuentas de Montesinos diremos que no hemos tenido respuesta alguna.

Recordemos: cuando Montesinos creyó que Aljovín iba a portarse con honor -todo es posible- mandó a su abogado, Francisco Chirinos Soto, a pedir que toda investigación fuera detenida porque él ya había cumplido enviando documentos.

Y por supuesto, Blanca Nélida Colán confirmó lo suscrito por Aljovín y declaró "irrevisable" el caso Montesinos.

Esas, como se ve, no son respuestas. Son respuestas mafiosas.

Montesinos no ha dicho por qué es tan millonario. Fujimori no ha dicho por qué su asesor es tan millonario.

La fiscalía de la Nación se ha vuelto a emplear como papel de excusado.

Quieren que el país mismo sea un excusado, un monumento desmesurado de Botero a la inmundicia general.

Desde aquí, modestamente, les decimos que NO. Que con nosotros no cuenten. Que podrán reclutar a intelectuales decrépitos como Macera, pero que no cederemos en nuestra batalla por la dignidad. Se nos ha propuesto más de una vez integrar listas y planchas. Hemos rechazado esos dulces ofrecimientos porque no queremos ser confundidos. Respetamos a los colegas que están en diversas listas, pero nosotros creemos que la batalla por la dignidad se libra desde varias trincheras y que ésta es la nuestra.

Y desde esta trinchera decimos, 54 días después de nuestra denuncia, sin haber merecido ninguna respuesta razonable y decente, que la fortuna de Montesinos -malhabida, evidentemente- mancha a Fujimori y compromete a ambos en un delito de índole penal que algún día tendrá que ser aireado en tribunales limpios y en una democracia restaurada.

Decimos que Montesinos es un ladrón y que Fujimori lo protege.

Y que los que voten por él -no tengo dudas de que pueden ser muchos- tengan la cara de admitir que están votando por el primer presidente que protege, encubre, defiende y necesita a un ladrón.
 

* Publicado en el diario Liberación, Lima 9 de febrero del 2000, página 2.
 

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