Make your own free website on Tripod.com
 
La más grande fosa colectiva *

Entierro esconde los restos de más de 100 comuneros asesinados por una base del Ejército en Putis, Huanta (Ayacucho), en setiembre de 1984

Por EDMUNDO CRUZ
Unidad de Investigación
 

Reporteros del diario La República localizaron el pasado viernes 16 una de las mayores fosas clandestinas de la época de la violencia con una antigüedad aproximada de 17 años, en el lugar denominado Putis, en las alturas de la provincia de Huanta, departamento de Ayacucho.

Según los testimonios e indicios que acompañan esta nota, en esa fosa estarían enterrados los restos de aproximadamente cien personas, incluidos niños y ancianos, familias íntegras, todos ellos hijos de la comunidad andina de Putis.

Las víctimas habrían sido ultimadas en setiembre de 1984, a fines del segundo gobierno del arquitecto Fernando Belaunde Terry, por personal de la base militar de Putis, destacamento del Ejército que recién se había instalado en ese lugar.

Fuentes castrenses arguyen haber actuado bajo la presunción de que la comunidad de Putis había sido ganada por Sendero Luminoso. Pero tal explicación no concuerda con la historia que fluye de los relatos de los testigos, ni justifica el presunto exceso.

El pasado viernes 16, tras ocho horas de caminata a pie, reporteros del diario La República llegaron al lugar acompañados por Feliciano Medina, alcalde del distrito Santillana, por comuneros del lugar y por Jaime Antezana, estudioso de la zona.
 

Hicieron que cavaran su propia tumba

Fosa mayor

La fosa clandestina de Putis se halla ubicada en el patio más amplio de lo que fuera el centro escolar de la comunidad. Sus dimensiones son notablemente superiores: siete metros de largo por cuatro de ancho, y una profundidad aproximada de dos metros, de acuerdo con la versión de un licenciado del Ejército, testigo presencial de los sucesos de setiembre de 1984 (ver declaración en recuadro).

Piedras de cascajo cortadas rodean la tierra removida que sella la fosa y que la vegetación recubre. El cráneo de un niño, la mandíbula de un adulto y otras piezas óseas probablemente humanas se esparcen a partir de una cavidad abierta en la parte central del enterramiento. También se observan vestigios de ropa y de calzado.

Uno de los comuneros presentes en Putis confesó que el 2 de noviembre último, día de los muertos, motivados por el recuerdo de los seres queridos, recogieron algunos restos óseos, montaron unos "tapaditos" con piedras y prendieron velitas por las víctimas.

Se les recomendó que se abstuvieran por completo de remover el conjunto, y se les sugirió que canalizaran su legítimo deseo de dar cristiana sepultura a los suyos mediante las autoridades.

Las versiones sobre la cantidad de cuerpos enterrados en esta fosa difieren. Zacarías Palomino Curo, teniente gobernador de la comunidad de Marccaraccay, quien guió a la base del Ejército cuando ésta se instaló en Putis, hace un cálculo conservador de setenta víctimas.

Un soldado de la Base, testigo de la matanza, se mantiene firme en una cifra precisa: noventa y ocho (ver recuadro).

Para Gerardo Fernández, comunero de Cayramayo que ubicó la fosa de Putis en 1998, son más de cien los cuerpos allí sepultados.

Fernández se remite a la lista de víctimas elaborada según las declaraciones de los deudos.
 

Tres más

En otra de las aulas del viejo centro escolar de Putis, y apenas a diez metros de la fosa mayor, se ha detectado otra sepultura clandestina de menor tamaño (3.5 metros de largo por 1.5 de ancho).

En realidad, el mérito de los hallazgos corresponde a los propios comuneros de Putis Gerardo Fernández entre ellosñ que se animaron a volver en 1998, en busca de sus familiares desaparecidos en esa zona.

Ubicaron los lugares hurgando en los restos óseos y de ropa que afloraban a la superficie, pero las versiones insisten en la existencia hasta de cuatro hoyos similares. Todos, rellenos con víctimas de la matanza de 1984.

Una tercera fosa se presume que está taponeada por una pared de la iglesia, que los militares habrían derribado precisamente para que cumpliera esa función. Los pastos naturales encargaron de camuflar aun más el entierro.

De ser así, el agrupamiento de Putis sería uno de los mayores en su género.
 

Trasfondo

Tanto o más intrigante es la historia que llevó a cavar esas zanjas macabras. Sendero Luminoso llegó a la zona en agosto de 1983, y a lo largo de un año presionó, a punta de aniquilamientos, a las comunidades que no se sometían.

Putis parecía una de las menos resistentes, pero tan luego como la base militar se instaló en el pago principal (pago es una de las categorías más pequeñas de poblado rural), la comunidad tomó una decisión.

Resolvió, sostienen sus personeros, concentrar al lado de la base militar a toda la población comunera dispersa en diversos pagos (Rumichaca, Rudio, Pampahuasi, Vizcatanpata, aparte de Putis) con el fin de formar un poblado mayor que tuviera la protección del destacamento armado.

Los militares también alentaron esa medida, pero cuando los comuneros bajaron con su bandera blanca en son de paz sucedió lo contrario, indican los testigos. Agruparon a la gente en la escuela, ordenaron a los varones abrir un hoyo profundo haciéndoles creer que serviría para construir una piscigranja, pero al final de la jornada los mataron casi a todos.

Feliciano Medina, actual alcalde del concejo distrital de Santillana, confía en una versión diferente, según la cual la muerte de los comuneros fue motivada por el interés de los militares y de algunos líderes ronderos de Marccaraccay de apropiarse del numeroso ganado que aquellos poseían.

Sea como fuere, lo cierto es que después de la masacre todo el ganado ovino, vacuno, caballar, mulas, chanchos, llamas y alpacas, hasta los cuyes de los comuneros de Putis, pasaron a poder de la base y fueron comercializados por éstos.

Hasta setiembre de 1984, la comunidad de Putis estuvo conformada por cerca de 150 familias, con una población total de 800 habitantes. Después de la matanza, los sobrevientes huyeron en estampida.

A noviembre del 2001, el movimiento de retorno a la quebrada altoandina de Putis, enclavada a 3,600 metros de altura sobre el nivel del mar, apenas había convencido a unas ocho a diez familias para el retorno al terruño.
 

Misión

Hace tres años, en 1998, la posibilidad de que los primeros retornantes reconstruyeran el pueblo sobre la supuesta fosa que existía bajo la iglesia, y que los cuerpos soterrados quedaran definitivamente perdidos, fue motivo para que comuneros de la zona advirtieran al periodismo independiente sobre la existencia de fosas.

En 1999, reporteros de La República llegaron hasta la comunidad de Marccaraccay para entrevistar a Zacarías Palomino Curo ñguía y testigo de la matanza de Putisñ y acopiar información de fuente directa.

El mismo año, acompañados por un representante de la Defensoría del Pueblo, se emprendió un viaje de reconocimiento a Putis, pero un atentado terrorista en la zona obligó a suspender el proyecto. Hace dos semanas se retomó la tarea.
 

Bajo presión

La matanza de Putis, en setiembre de 1984, se dio en uno de los contextos más críticos de los primeros años de la lucha contra la subversión.

Jaime Antezana, investigador social que ha seguido de cerca el acontecer de la zona, recuerda que Sendero Luminoso presionó intensamente a las comunidades altoandinas de la provincia de Huanta en el segundo semestre de 1983.

Autoridades de los pagos de Cayramayo y de Putis fueron asesinadas por el grupo terrorista, al igual que las de Huancas y Marccaraccay.

Algunas reaccionaron y se rebelaron, pero Sendero no tardó en responder con nuevas ejecuciones. Putis y Cayramayo se dejaron atemorizar, en tanto Huancas, Marccaraccay y Tocasquesera dieron batalla.

A fines de 1983 ñconcluye Antezanañ el Ejército avanzó de pueblo en pueblo hacia las partes más altas. Sendero ya había dado la directiva de replegarse hacia las cuevas y el monte, lejos de sus casas.

Los militares llegaban y no encontraban a los senderistas, y muchas veces tampoco a la población que también huía. Prosperó la idea de que los campesinos se habían enrolado a Sendero. Hubo varios encuentros con grupos comuneros errantes. En ese marco ocurrieron los acontecimientos que motivan este informe.
 

Relación inicial de víctimas

Con los testimonios de los deudos se han rescatado los nombres de 58 personas cuyos restos estarían enterrados en las fosas de Putis

Pago Vizcatanpata
 1) Ramón Condoray Quispe (papá)
 2) Monga Huallasco Huamán (mamá)
 3) Reynalda Condoray Huayllasco (hermana) (3 años)
 4) Urbano Condoray Huayllasco (hermano) (2 años)
 5) Juliana Condoray Huayllasco (hermana)
 6) Wilfredo Condoray Huayllasco (hermano) (1 año)
 7) Elberto Condoray Huayllasco (hermano)
 8) Apolinaria Quispe (abuelita)
 9) Amadeo Condoray Quispe , tío
10) Sabina Condoray Quispe, tía
11) Ciriano Condoray Quispe, tío
12) Epifania Condoray Quispe, tía
13) Rosa Condoray Quispe, tía
14) Félix Condoray Quispe
15) Benito Flores
16) Demesia Curo Soto
17) Mauro Condoray Curo
18) Lucio Condory Curo
19) Justina Lonasco
20) Marcelino Soto Lonasco
21) Un niño apodado "Otopo" (8 años)
22) Encarnación Coronado
23) Octavio Condoray Ccente (30 años)
24) Dominga Quispe Coronado
25, 26 , 27) Tres menores hijos de Octavio Condoray y Dominga
28, 29, 30) Rogelio Condoray Ccente y dos hijas
31) Emilia Huallasco
32) Fortunato Condoray Huallasco
33) Pastor Condoray Huallasco
34) Rita Condoray Quispe

Pago Cayramayo
 1) Guillemo Fernández Quispe
 2) Albertina Fernández Quispe
 3, 4) Dos hijos de Guillermo y Albertina
 5) Ciprián Fernández Quispe
 6, 7) Oderón Quispe Saavedra y un hijo
 8) Saturna Fernández Huallasco
 9) Constantino Quispe Gamboa
10) Odilia Vargas Quispe
11) Juan Quispe Calderón
12) Antonio Quispe Mendoza
13) Herminio Quispe Calderón
14) Andrés Ccente Calderón
15) Antonio Quispe Fernández
16) Felícita Curo Quispe
17, 18) Dos hijos de Antonio Quispe y Felícita Curo
19) Sofía Curo Quispe
20) Marcelino Fernández Quispe
21) Filomena Madueño
22, 23, 24) Tres hijos de Marcelino Fernández y Filomena Madueño
 

Sobrecogedor relato de un efectivo militar testigo de la matanza

Lo vi con mis propios ojos

Un soldado de la base militar de Putis, en servicio activo cuando se produjo la matanza de setiembre de 1984, prestó a La República el siguiente testimonio. A su solicitud nos reservamos su identidad. A continuación su versión textual:

No hay persona que haya visto con sus propios ojos como yo. Hubo un llamado de pacificación, vengan, no va a pasar nada, por eso estamos acá. Se recogió a la gente de todos los cerros. Ellos han venido con todas sus cosas a Putis para formar un centro poblado, porque pensaban que iban a estar más tranquilos al lado de la base.

Cada uno tenía ganado de 60, 70, 80 cabezas. Entonces, los jefes militares, mayores, comandantes, vieron por conveniente vender 40 toros, 50 toros de los inocentes y obtener regular dinero.

Tenían siete clases de animales para comercializar: ovejas, vacunos, caballos, mulas, chanchos, llamas y alpacas.

Había gente conocida de Marccaraccay que trabajaba con la base militar y que dijeron por qué no matamos a esa gente y declaramos que son terrucos. Todos esos animales los venderíamos y tendríamos plata. Había unos cinco de Marccaraccay, pero la verdad yo no los conozco por sus nombres. Ellos a cada rato venían a la base trayendo el ganado que encontraban por acá, por allá.

Cuando íbamos de patrulla encontrábamos un montón de ganado, ese ganado lo traíamos a Putis. La gente de Marccaraccay se llevaba todo ese ganado. Vieron por conveniente matar a esa gente inocente y quitarle su ganado y venderlo con la gente de Marccaraccay.

Los trajeron por la mañana y los pusieron en ese caserón. Los engañaron, les dijeron vamos a hacer una piscigranja. Acá vamos a hacer un cuadrado de tanto por tantos metros. Fueron más de tres horas. Todos los varones hicieron su propia fosa, ellos mismos. Tiene una profundidad de cerca de dos metros.

Los comenzaron a matar de seis en seis. Una parte de los efectivos estaba más a menos a cuarenta metros, vigilando por donde podrían escapar. El corralón donde los reunieron era el centro educativo. No pretendieron escapar porque estaban acorralados.

Eran 99, pero al final sólo enterraron a 98. Una criatura se metió en un hueco de la construcción, no lo vieron y lo encontraron después de haber cerrado totalmente la fosa. El jefe dijo no, ya no, ya no quiero matar más. Fue un varon de la familia Calderón. Lo llevaron a Marccaraccay, su madre lo reconoció y se lo devolvieron.
 

Lampearon de seis a diez de la mañana

Habla Gerardo Fernández Mendoza (43), el comunero de Cayramayo que localizó la fosa mayor de Putis en diciembre del 98.

-Sobre esta fosa concreta, ¿qué sabes? ¿Quién la hizo: los militares o los propios comuneros?
-Los propios comuneros. Desde las seis hasta las 10 de la mañana.
-¿Hicieron hoyos individuales o un gran hoyo grande?
-Un gran hoyo.
-¿De qué profundidad?
-No sé.
-¿Cuántas personas crees que están enterradas?
-Hablaban de tres fosas.
-¿Cuándo encontraron esta fosa (mayor)?
-El 98, en diciembre.
-Antes de enterrar a las víctimas, ¿qué hicieron con ellas según los testigos?
-Las torturaron. Uno por uno les metieron bala. A las señoritas se las llevaban a cada una y las violaban.
-¿En esta fosa habría personas solamente de la comunidad de Putis?
-De la comunidad Putis como treinta personas. De Vizcatanpata como cuarenta, de Cayramayo como treinta, de Rumichaca como diez tantos, de Rudio como veinte. Todos pertenecían a la comunidad de Putis, todos estaban buscando tranquilidad.
-¿Las comunidades guardan listas de sus víctimas?
-Cada comunidad tiene sus sobrevivientes. Ellos sabían la relación, pero de los niños ya nos estamos olvidado. De los mayores sí se sabe.
-¿Conoces alguien que logró escapar y observó la matanza?
-Maura Fernández, vive en San Gerardo, antes vivía en Huanta. También mi prima Heli Condoray Huallasco.
-¿Ellos cómo se salvaron?
-En ese rato volvían de Marccaraccay.
-¿Recuerdas los nombres de algunos sobrevivientes?
-Aquí tiene a este comunero. De él ha muerto toda su familia, con dos nomás se ha quedado.
-¿Cómo se llama él?
-Leoncio Condoray Huallasca (ver lista).
 

* Publicado en el diario La República, Lima 27 de noviembre del 2001.
 

Volver
.