Cipriani afronta merecido rechazo y no muestra señal de arrepentimiento *

Con su nombramiento, el Vaticano retrocede hasta épocas de Papa Pío XII

Daniel Cavero
 

El arzobispo de Lima y nuevo cardenal del Perú, Juan Luis Cipriani, pareciera que se mea en la culpa. Ayer, en declaraciones a la prensa, criticó a la ministra de la Mujer, Susana Villarán, por haber emitido juicios negativos sobre su reciente nombramiénto.

"Las relaciones entre la Iglesia y el Estado deben ser cordiales y respetuosas, manteniendo cada uno su distancia", dijo el prelado cercano del gobierno anterior. Además, resaltó que desde 1998 arriesgaba su vida por defender los derechos humanos, los mismos a los que una vez calificó de "cojudez", y a los que pasó por alto al defender la pena de muerte. También refirió que en Ayacucho -donde nombraba prefectos y destituía sacerdotes a su antojo- fue un abanderado por los niños y campesinos víctimas del terrorismo y agradeció la solidaridad de la Conferencia Episcopal ante las protestas en su contra el pasado domingo.

Nunca en nuestro país se había cuestionado tanto la decisión del Papa. Nunca las protestas por la designación de un nuevo purpurado había tomado estos matices. Antes, en cualquier parte del mundo, no se había quemado la imagen del cardenal mientras daba una misa en su honor, ni grupos civiles habían salido a las calles tan indignados. Tal vez porque nunca antes el Vaticano hizo cardenal a una persona que haya insultado los derechos humanos.

Lo que más se asemeja a esta situación sucedió en 1983. Alfonso López Trujillo, arzobispo de Medellín, fue nombrado cardenal por Juan Pablo II. Es un prelado muy conservador que se oponía a la teología de la liberación y arremetieron contra él a través de tiras cómicas. La guerrilla sandinista se opuso a Miguel Obando Bravo, arzobispo de Managua, por ser de derecha. No hubo manifestaciones, pero sí descontento.

En Ultretcht, Holanda, la población se opuso hace más de 25 años al nombramiento que Pablo VI había hecho. Pero nunca hubo un descontento tan generalizado como el que el colectivo Sociedad Civil, la Resistencia y la Asociación de Mujeres Católicas por la Dignidad protagonizaron el pasado fin de semana frente al atrio de la Catedral de Lima.

El rechazo por el nombramiento del arzobispo de Lima como cardenal es generalizado. Dentro de la Conferencia Episcopal, entidad que representa a la Iglesia en el Perú, Cipriani no tiene mayoría. No le ganó a monseñor Luis Bambarén en las últimas elecciones, pero ocupó la presidencia de la comisión de educación. Habría logrado este cargo porque los sacerdotes esperaban de que se incluya el curso de religión en la currícula del bachillerato. En aquella época, el prófugo Alberto Fujimori era el todopoderoso del Perú y Cipriani su casi consejero espiritual. Entonces, aprovechando la estrecha relación entre estos dos personajes, esperaban que "Presidente" les hiciera el favorcito.

El Vaticano, al nombrarlo cardenal, sólo le está dando facultades para elegir y recomendar al próximo Papa. Pero, al premiarlo, ha creado una tensión social a todos los niveles. ¿Qué sucede? ¿La Santa Sede está volviendo a la época de Pío X1I, quien durante la segunda guerra mundial no condenó la persecución nazi contra los judíos e hizo mutis bajo la máscara de "neutralidad moral", para no fastidiar a Benito Mussolini? Esperemos que no.
 

* Publicado en el diario Liberación, Lima 7 de marzo del 2001, página 10.
 

Volver